La Transformación de los Pensamientos

La calidad de nuestros pensamientos se ve cada vez más cuestionada, se les ha conferido un poder de superación, de creación, se les ha dado un peso y una fuerza inimaginable…y es cierto, realmente crean situaciones, generan aptitudes y actitudes, son la base de nuestra respuesta, intérpretes de lo que captamos con nuestros sentidos y moduladores de nuestras reacciones.

Cada pensamiento que se genera conlleva a que se desencadenen una serie de reacciones en nuestro interior, este es el trasfondo de todos los autores que hablan del poder del pensamiento. Tenemos millones de neuronas que se comunican entre sí, llevando un mensaje que pudo haber sido creado por nosotros y estar genéticamente influenciado. Este mensaje es transmitido mediante sinapsis eléctricas y químicas, en las que son liberados neurotransmisores. Así, un pensamiento transformado en impulso nervioso difunde a lo largo de una cadena de transmisión y liberación, bajo la forma de neurotransmisores que influencian a todas las células del organismo y, de entre todas las reacciones desencadenadas, coexisten dos tipos comandadas por el denominado sistema nervioso autónomo: el parasimpático y el simpático; uno permite la reparación y otro la acción.

El entorno cambiante es sometido a un reconocimiento constante; lo catalogamos adverso o amigable en la medida que es captado por nuestros cinco sentidos y esa interpretación muy propia de cada uno de nosotros conlleva a la generación inicial de pensamientos positivos o negativos. El juicio constante que cada uno de nosotros efectúa, y que ha sido definido bajo el término de Neurocepción por el Dr. Stephen Porges (autor de la Teoría Polivagal, 1994), representa esa subjetividad que tiene cada ser humano a la hora de apreciar un evento y, de allí, que la reacción que se desencadene sea favorable o no. El corazón puede latir más rápido porque se aprecie poco amigable el ambiente donde nos desenvolvemos, se piense que la situación enfrentada es amenazante y pone en juego nuestra vida, o que lo percibimos erróneamente debido a una alteración de nuestra capacidad propioceptiva; eventualmente, dicha capacidad puede estar desvirtuada debido a los múltiples esfuerzos por ignorarla y no trabajar en pro de su mejoría. El sistema nervioso autónomo, modula el funcionamiento de todos los órganos y, a su vez, está conectado con los entes que captan e interpretan la realidad circundante, así su respuesta también va a depender de cómo se percibe lo captado. Es la razón por lo cual se da sudoración en las manos y frente, taquicardia, cólicos, etc. frente a una situación que consideramos pone en riesgo nuestra vida: esto ocurre al pensar en algo que puede resultar adverso, se enfrenta a un auditorio o se supone que no vamos a estar a tiempo para cumplir con un compromiso previamente adquirido.

Si el entorno o la situación resultan confiables generaremos reacciones dentro de nuestro organismo conducentes a desplegar todo lo que resulta ser acorde con nuestra fisiología natural; en consecuencia, ese pensamiento positivo origina una actitud no solo en consonancia con el bienestar y la salud sino con la prevención de enfermedades y el buen funcionamiento de nuestro organismo. Lo contrario ocurriría si apreciamos el entorno como amenazante, entonces se desencadenaría en nuestro interior la resultante de haber generado un pensamiento negativo: debemos salvar nuestra vida, y nuestro cuerpo reacciona de acuerdo a este pensamiento.

Cuidemos los pensamientos, cuestionemos si realmente el entorno es promotor del aumento de nuestra frecuencia cardíaca; trabajemos por conectarnos con nuestro interior para así modificar nuestra neurocepción, busquemos conductas generadoras de pensamientos positivos para que el mensaje transmitido por nuestras neuronas sea en correspondencia con la salud y el bienestar; así, no habrá jamás enfermedad, ni perjuicio, ni autocastigo. Pero si sentimos que no estamos en capacidad de controlar ya nuestra respuesta o, si la capacidad de adaptación se ha visto extralimitada y desafortunadamente nos sentimos imposibilitados de “crear salud”, si nuestra actitud frente a la vida, el insomnio, los múltiples dolores, la disfunción de nuestros órganos y nuestro carácter es tal que se pudiera catalogar como un desequilibrio general, busquemos ayuda.

Gracias al Dr. Stephen Porges que amablemente me permitió hacer uso del término acuñado por él: Neurocepción. A raíz de su valioso aporte al mundo científico con la Teoría Polivagal, muchas disciplinas en el área de la salud encontraron explicación a lo que venían observando en sus pacientes.

Si desean obtener más información acerca de la Teoría Polivagal pueden encontrarla en ingles bajo el término de: The Polyvagal Theory

Dedico este artículo a todos mis pacientes que se encuentran comprometidos en el proceso de transformar sus pensamientos y con ello recobrar su salud.

Joanna Evans F.